2. Circulando por una vía frecuentada por peatones, especialmente niños o ancianos, ¿qué haremos?a) Reducir la velocidad, incluso llegando a detenerme.b) Adoptaré las medidas necesarias para su seguridad, sin tener que moderar obligatoriamente la velocidad.c) Reducir la velocidad, sin necesidad de detenerme.
Question
- Circulando por una vía frecuentada por peatones, especialmente niños o ancianos, ¿qué haremos?a) Reducir la velocidad, incluso llegando a detenerme.b) Adoptaré las medidas necesarias para su seguridad, sin tener que moderar obligatoriamente la velocidad.c) Reducir la velocidad, sin necesidad de detenerme.
Solution
La respuesta correcta es a) Reducir la velocidad, incluso llegando a detenerme. Cuando se circula por una vía frecuentada por peatones, especialmente niños o ancianos, es importante reducir la velocidad para garantizar su seguridad. En algunos casos, puede ser necesario detenerse por completo.
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¿Cuál de los siguientes problemas suele afectar a las personas mayores como peatones?Los bordillos de las aceras están destinados a dificultar el acceso a las calles.Pueden no distinguir bien los colores de los semáforos en las vías más anchas.Tienen mayor capacidad de reacción ante cualquier imprevisto.
En una zona de circulación así señalizada, ¿está permitido el estacionamiento de vehículos?Sí, en cualquier caso.No, ya que se trata de una zona de circulación exclusivamente peatonal.Sí, pero solamente en los lugares designados por señales o por marcas.
5.- Texto: La víbora y la culebra de agua ¿Cuál podría ser la moraleja de esta fábula?a) Las incitaciones pueden dominar las energías de un ser más fuerte para el beneficio propiob) Cada enfrentamiento inevitable se debe al encuentro entre fuerzas y poderes semejantesc) Los bienes preciosos, como el agua, despiertan la ambición de los poderosos y los astutosd) Cada quien participa en lo que le corresponde en la medida de sus fuerzas y posibilidades
LA FELICIDAD CLANDESTINAElla era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos planas. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historias le habría gustado tener: un papá dueño de una librería.No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos; incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del papá.Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía de odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, delgadas, altas, de cabello libre. Conmigo ejercitó su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como por casualidad, me informó de que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.Era un libro grueso, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.Hasta el día siguiente, de la alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, nadaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, anduve brincando por las calles y no me caí una sola vez.Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviera al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el transcurso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse.Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? No lo sé. Ella sabía que, mientras la hiel no se escurriese por completo de su cuerpo gordo, sería un tiempo indefinido. Yo había empezado a adivinar, es algo que adivino a veces, que me había elegido para que sufriera. Pero incluso sospechándolo, a veces lo acepto, como si el que me quiere hacer sufrir necesitara desesperadamente que yo sufra.Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la mamá. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortada de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, esa mamá buena, entendió al fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: “¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera quisiste leerlo!”.Y lo peor para esa mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos observaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: “Vas a prestar ahora mismo ese libro”. Y a mí: “Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras”. ¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubieran regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Tomé el libro.Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad habría de ser clandestina. Era como si ya lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… Había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.Ya no era una niña más con un libro: era una mujer con su amante.Lispector Clarice. Cuentos reunidos, trad. Marcelo Cohen, Madrid, Alfaguara, 2002, págs. 253-256.10La expresión “no vivía, nadaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro” es una figura literaria llamada:A) Analogía.B) Metonimia.C) Metáfora.D) Paralelismo.Omitida
Sean p, q, y r las siguientes proposiciones.p: La venta de repostería es el jueves.q: Nicole prepara magdalenas.r: Nicole está usando la batidora.Usar el deslizador para seleccionar el razonamiento gráfico de cada argumento. Luego determinar si el argumento es válido.Argumento Razonamiento gráfico ¿Tiene validez el argumento?(a)Si la venta de repostería es el jueves, entonces Nicole prepara magdalenas. Nicole no prepara magdalenas. Por lo tanto, la venta de repostería no es el jueves.SíNo
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